La difícil tarea de un Sensei

La primera carta arribo en los últimos días de mayo de 1956:
"Por  favor,  envíenos el mas fuerte y mas completo técnico de Judo  de  todo el Japón.  Queremos que un verdadero  campeón  nos enseñe".

Dirigida  al presidente del instituto Kodokan,  en  Tokio,  la carta presentaba una estampilla que indicaba su  procedencia.  La Habana, Cuba. Una lista de garantía se adjuntaba:

a) Todos  los  gastos pagados por seis  meses  de  enseñanza, incluyendo comidas y alojamiento.

b) Un boleto Ida y vuelta Tokio- La Habana

c) Una semana de vacaciones con todos los gastos pagados.

Luego una florida e ilegible firma sobre un titulo: Secretario de la Federación de Cinturones  Negros de Judo cubana. A la carta se  había  agregado  una  posdata:
"  Por  favor,  recuerden  que deseamos el mejor, el No 1, eso y nada menos...".

El presidente del Kodokan,  un hombre de apellido Kano leyó la carta y la dej6 a un lado y se puso a pensar;  el mas fuerte, mas técnico de todo Jap6n, un real campeón.

A medida que pensaba,  la imagen  de Takahiko Ishikawa comenzó a  concretarse.   Quien  si  no  el era el  mas  fuerte,  el  mas completo,   el  mas  hábil.  Quien  mas  había  ganado tantos campeonatos nacionales.

Kano tomo el teléfono y llamo a la academia de Artes Marciales de  la  policía de Tokio donde Ishikawa era el  instructor  jefe, haciendo   las   consultas  necesarias  que  tuvieron   respuesta inmediatas.

Si,  Ishikawa estaría encantado de ir a cuba como  representante oficial de Kodokan.  Si, el jefe de policía daría su autorización para que el campeón hiciera el viaje.  Si, Ishikawa estaría listo para  una  rápida  partida.   Después  de  agradecer  la  cordial deferencia.  Kano  colgó  el fono y se reclino en su  silla,  sus manos  las coloco detrás de la cabeza,  satisfecho de  su  labor. Pronto  Ishikawa estaría en camino hacia la Habana y con el irían todo el honor y prestigio de la original y mas famosa escuela  de judo en el mundo: El Kodokan.

Una semana mas tarde llego una segunda carta:" Por que nos han enviado  un  luchador  tan débil  para  nuestra  enseñanza?  Este Ishikawa  es  solo  regular:  no  solamente no  pudo  derribar  a nuestros cinturones negros,  sino que,  por el contrario nosotros lo derribamos las voces que queríamos.

Mas  simultáneamente con la llegada de esta  carta,  Ishikawa envió otra de saludos a un discípulo suyo, cinturón negro de alto nivel y que se encontraba en la Habana de vacaciones, invitándole a comer.

Malcon  Gregory acepto encantado:  Volver a ver a  su  antiguo maestro  y recordar tantas enseñanzas era algo que simplemente no podía  perderse.  Por eso al encontrarse con su antiguo Sensei  y luego  de los saludos de rigor,  Le dijo,   usted  desea  decirme algo,  Sensei?,  que  es? Ishikawa lo miro asombrado pero no dijo nada.   Gregory  insistió:
"Algo  Le  molesta,   Sensei,  desearía saberlo,  para ayudarlo".
El dudo un instante y luego, murmurando algo  entre dientes,  comenzó a hablar lentamente.  El había sido invitado  como  representante oficial con un  contrato  por  seis meses  para enseñar técnicas avanzadas a los cinturones negros de la  federación  Cubana  y  por ello el  primer  día  de  practica permitió  que  los alumnos lo lanzaran cuantas  veces  quisieran, para que tuvieran confianza.  Luego, los dejo defenderse haciendo que  las  técnica de ataque que  el,  Ishikawa,  utiliz6  fueran lentas a fin de que tuviesen el tiempo de verlas y contraatacarlas efectivamente.  Actuó  así porque deseaba conocer como  eran  los sistemas  de  ataque  y defensa y así mientras e1  observaba  sus errores,    hacia    notas   mentales   para    ser    corregidos posteriormente.  Se hablan presentado tantos cinturones negros en un  numero superior a 60 que hacerles un examen individual habría sido imposible.

Lo  mismo  sucedió  el segundo y tercer  día,  ya  que  nuevos cinturones negros se presentaban cada día.  Ya en la cuarta clase observe  un  cambio en la actitud de sus  discípulos.  Antes  era tratado con respeto y bondad,  en cambio ahora ellos actuaban  de modo duro   y sus semblantes eran sombríos.  "Realmente no  quise pensar  mas en eso hasta el momento que recibí  esta  carta",  la cual  extrajo  del  bolsillo superior de la  chaqueta.  La  carta escrita  por  un gran maestro de Artes Marciales  japonés  estaba escrita en caracteres Kanji,  por lo cual Ishikawa,  traduciendo, leyó:
"Se  me ha mostrado una carta firmada por un tal  secretario de  la federación Cubana en la cual explica que eres  incapaz  de enfrentarte  con  éxito y por el contrario,  te vencen  con  gran facilidad.  Ellos  han solicitado al Sr. Kano les explique por qué razón  han  enviado  un  instructor que  en  absoluto  reúne  las características  que ellos habían solicitado,  es decir el No  1. Como  podrás ver esto es un verdadero insulto para  ambos.  Tanto para  ti  como  para Japón". 
Ishikawa rompió la  carta  y  luego haciendo  una  pelota  la envió al  tarro  de  basura.  Sus  ojos denotaban  furor;  luego  sus ojos se cerraron y  nada  dijo;  el ambiente  estaba tan sensible que la comida fue dejada para  otra ocasión. El maestro Ishikawa estaba sentido en su honor.

A  la mañana siguiente,  Ishikawa se encontró en el lobby  del hotel  con tres cinturones negros cubanos que lo pasaron a buscar para llevarlo al Dojo de practica.  Tan pronto ellos divisaron  a Ishikawa  se  sonrieron con complicidad y una mueca de desdén  se dibujo  en sus caras.  Cuando llegaron al gimnasio  comenzaron  a vestirse  sin decir una palabra.  Ishikawa estaba impaciente  por llegar al tatami.  Al ingresar al Dojo, una fila de 40 cinturones negros  lo esperaba de rodillas.  Al costado del Tatami un hombre vestido  con  traje de calle y  descalzo  observaba  atentamente, Ishikawa se dirigió a el con voz fuerte para hacerse escuchar por todos,  sus  frases eran cortantes,  luego el hombre dirigiéndose hacia los alumnos tradujo al español lo explicado por Ishikawa.

El era séptimo Dan,  instructor jefe de la academia de Tokio y varias veces campeón del Japón y que había venido a Cuba de buena fe   ante la gentil invitación de la federación,  pero aunque  la invitación fue amigable, la recepción se había puesto poco a poco inamistosa y ahora el sabia el motive de dicho cambio de actitud.

Los  cubanos  no eran mas amistosos con el porque  se  sentían superiores  y  porque ellos cometieron el error de creer  que  la técnica por ellos aplicada era mas efectiva que la suya. El podía entender como ellos llegaron a dicha conclusión,  porque  había querido  a  propósito dejarse lanzar;  pero si  hubiesen meditado mejor  debería  haberles parecido extraña la  facilidad  con  que podían  derribar  a  un  judoka   considerado el mejor del mundo. Pero no, llevados por su infantil vanidad no habían podido ver la realidad  e  incluso  llegaron  a  creer que  no  había  sido  el instructor quien a propósito se había dejado ganar, sino creyeron que las técnicas de ellos eran mejores.  El los hubiese perdonado ya que consideraba eran conceptos de gente inmadura,  pero lo que no  podía  perdonar  era la carta que escrita a  sus  espaldas enviada  al  Japón había causado al Japón y a el mismo  merma  de dignidad y honor.  Debido entonces a que no habían sacado nada en limpio  de  las  enseñanzas de las primeras clases  ahora   les daría una lección que jamás olvidarían.

Ishikawa se levanto y apuntando a todos los cinturones  negros con su dedo señalo al primero y luego al ultimo.

"Desde ahí, hasta allí todos combatirán conmigo. Todo el grupo se  levanto  e  incline ante Ishikawa que también  se  incline  y saludo con respeto."

De  pronto  una voz dijo en japonés:  "Hajiroe" (empezad) y  la función  comenzó,  a  pesar  que  función  no  seria  la  palabra apropiada para expresar lo que sucedía arriba del tatami  (este era de paja).

El  primer  hombre  en enfrentársele fue un fuerte  mulato  de cerca  de 100 kilos de puro músculo.  No había  logrado  siquiera tocar  el  traje  de  Ishikawa cuando una  técnica  impecable  de barrido  colocaron los pies del mulato inexplicablemente por  los aires.  Este cayo pesadamente al suelo. Trato de levantarse, pero luego sabiamente prefirió seguir en el suelo.

Ishikawa se enfrente al segundo,  el cual trato de  alcanzarlo con Haraigoshi (técnica de lanzamiento). Ishikawa contraataco con tanta eficiencia que nadie logro ver la técnica aplicada. Solo lo vieron volar por los aires por cerca de 10 metros, su cabeza casi rompe la pared...

El tercero salio a combatir con un grito que parecía sacado de una película de Kung-Fu,  pero el grito termino abruptamente, una maldición  de sorpresa y temor lo invadió al verse  violentamente lanzado  con un impresionante lanzamiento por encima del  hombro. El  tipo salió disparado como una verdadera bomba voladora  cerca donde  se encontraba el Nº 2,  quien al verlo venir por los aires trato  desesperadamente  de  saltar al  costado  para  evitar  el choque,  pero  sus intentos no tuvieron éxito.  El Nº 3 lo golpeo con sus brazos y piernas y al terminar la confusión parecían  dos gemelos siameses, tal era el entrevero de manos y piernas...

Luego Ishikawa se dirigió a los restantes y en algunos con su solo  movimiento  de muñeca los lanzaba por los  aires.  parecían payasos en un circo haciendo piruetas. Cuando llego al Nº 30 este al ver los estragos producidos prefirió esconderse detrás del  Nº 31;  pero  este  a  vez ya se había escondido en el Nº 32  y  así sucesivamente,  nadie deseaba salir a combatir.  Ishikawa  espero por largos minutes,  pero nadie vino. "Esto es suficiente lección por hoy,  mañana nos veremos nuevamente".  Un solo grito broto de todas las gargantas de cinturones negros:  SI, MAESTRO.

Cuando  ya se encontraba  en la puerta de salida el secretario de  la federación,  todo compungido y rodeado de  los  cinturones negros  cubanos que le reprochaban el haber enviado la carta,  le dio  las explicaciones y solicito  su  perdón.  "Maestro,   que puedo hacer para borrar tan triste imagen"

Solo  hay  algo  que tu puedes hacer,  fue la  respuesta  del maestro Ishikawa:

"ESCRIBE OTRA CARTA."
Fuente : www.kenpo.com.ar
Link : http://www.kenpo.com.ar/tarea_de_ser_un_sensei.htm